El Ermitaño.
En lo alto de la colina
En el lugar más periférico
De esta ciudad, por ahí camina
Sin cesar, por aquel desértico
Espacio deambula.
Victima de mitos
De sangre y horror
En oscuros minutos
Es calumniado por voces que siembran terror.
Vive solo y apenado
Duerme en cualquier lado
Sin nombre ni amor
Simplemente fue abandonado
Le invade el dolor.
Viejo y hambriento
Un loco arrebatado
Esta tirado en el suelo sediento
Y maltratado.
La lluvia no para
Y el ermitaño inhala su último aliento
Se asoma una lágrima que roda por su sucia cara
El tiempo se torna violento
Cuando por su mente algún recuerdo se dispara.
Ahora es hijo del olvido
Y su voz sin remedio en un hilo tiembla
En medio de la nada yace su cuerpo perdido
Que se entrega a la niebla.
Su muerte no se pudo evitar
Vivió para no existir
Ante los ojos prejuiciosos ya no ha de estar
Aquel extraño dejo de sufrir
Y por largas noches escucharas a los lobos llorar.
17:38 hrs.
16-05-2005


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